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Un capricho natural
Es un refugio profundo: 5 kilómetros de largo, y amplio,
con 2 kilómetros de anchura. Para las dimensiones de la isla,
la bahía de Fornells es una especie de mar interior. La boca,
estrecha, regula la fuerza del mar abierto.
Es lo suficientemente angosta como para ofrecer protección
y lo bastante amplia como para recordar que no estás en un
lago, permitiendo -y conteniendo- el paso de las olas.
Más libre es el viento. Las laderas de los macizos rocosos
que bordean la bahía no son tan altas como para impedir la
tramontana, que ha dado forma a las rocas y doblegado los troncos
de los árboles. Para nosotros es un viento amigo.
Es el motor de toda nuestra actividad. Un viento moderado y suficiente,
que suele estar en calma a primera y última hora y que crece
durante el día para llegar al máximo a mediodía.

La bahía es un microcosmos, un pequeño mar con sus
propias islas - tres, Sargantanes, Ravells, y Des Porros- y playas,
y con una antiguas salinas desecadas al fondo, con sus viejas estructuras-
estanques y caminos- olvidadas, en desuso.
Las gaviotas conviven allí con aves más propias de
marismas, como la garcilla, el correlimos o el archibebe, más
o menos indiferentes al vuelo de los arpellots, que es como aquí
se llaman a los alimoches. Hablando de alimoches: su población
es sedentaria. Es la única población europea de estas
aves que no emigra a África.
Las playas interiores de la bahía tienen su atractivo. A
algunas de ellas sólo se puede acceder en embarcación:
Sa Arenalet, Cabra Celada...Son ideales para hacer un picnic, teniendo
cuidado de no dejar restos, por favor.
La de Cabra Celada está enfrente mismo de la escuela, en
la otra parte de la isla de Sargantanes, y tiene este nombre porque
las cabras van a beber allí, y rascan la arena con sus pezuñas
delanteras. No beben agua salada, claro. El agua dulce mana -poca
gente lo sabe- bajo la arena, y, al hacer un agujero forma un pequeño
pozo.
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Hay más playas, por ejemplo S'Era, más al fondo de
la bahía, junto a una de las calas más interesantes,
Cala Rotja. S'Era se llama así porque antes, cuando se cultivaba
trigo en la zona, se trillaba allí.
Cala Blanca, ya en el fondo de la bahía, y de poco calado,
ofrece una imagen preciosa en algunos momentos del día, porque
está orientada al sudoeste, y el agua de la bahía
queda como un espejo reflejando la luz, contrastando con las rocas
blancas, las únicas de la zona.
Esto de la distinta profundidad de las aguas debe tenerse en cuenta.
Para nosotros es una de las riquezas de la bahía, que tiene,
con sus 10 Km2, una buena variedad de zonas para la navegación.
Por ejemplo: el viento no sopla con la misma fuerza y en la misma
dirección en toda la bahía, de forma que se puede
dedicar un espacio a la iniciación y otro a los que ya tienen
cierta práctica.
Normalmente, cerca de la bocana el viento llega más fuerte
y racheado, y en el fondo de la bahía más regular.
También tenemos zonas tranquilas cuando sopla la tramontana.
Además, la profundidad del agua es menor a partir de un cierto
punto. Los principiantes pueden hacer pie si vuelcan, lo que les
da un plus de confianza.
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