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Fornells, un puerto tradicional
Azul, blanco y ocres. El azul lo pone la bahía, una inmensa
presencia, verdadera plaza mayor del pueblo. Los ocres son de la
tierra y de algunas casas. El blanco, las velas y el encalado tradicional
de la casa menorquina de pescadores.
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Para cualquiera que conozca Menorca, el nombre de Fornells evoca
de inmediato a la langosta.
La langosta simboliza lo que siempre ha sido Fornells: un pueblo
de pescadores. Un puerto natural que ha vivido y vive de la pesca
de la langosta. Se ven los llauts, las embarcaciones aparejadas
para esta pesca, atracadas en el pintoresco puerto.
Sigue siendo un pueblo de pescadores, modesto, sin palacios de
antes ni grandes edificaciones de ahora, porque Fornells, viviendo
de, para, sobre y en el mar, no tiene lo que los turistas llaman
playa. Está rodeado por playas- se puede llegar a pie perfectamente-y
es allí donde están las instalaciones hoteleras. Fornells
queda intocado por el turismo de masas.
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Pero de todos los centros turísticos, Fornells es el más
alejado del tópico. Limpio, cuidado y tradicional, el casco
urbano -tiene unos 300 habitantes, y entre 1.500 y 2.000 en verano.
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Fornells sigue siendo el mismo de
siempre, a la misma orilla del puerto, que ahora acoge también
a embarcaciones deportivas. Hay un turismo selectivo, que sabe disfrutar
sin destruir. Se agradece.
Se dice que el pueblo nació alrededor del castillo que se
levantó en el XVII para defender esta costa de los desembarcos
de los piratas berberiscos. El castillo fue demolido en el XVIII,
y del pasado militar o guerrero queda la restaurada torre de vigilancia,
maciza, en el cabo. Desde allí se puede ver, al Oeste, el
Cap de Cavallería, y al Este el macizo de Sa Mola, que forma
la boca de la bahía. Pura piedra frente al mar.
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