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Un poco de historia. Una huella inglesa
En el siglo XVIII el puerto de Maó se convirtió en
objeto de litigio ambicionado por ingleses, franceses y españoles.
No era casual: se trata del mejor puerto natural del Mediterráneo
occidental, capaz por sí sólo de dar abrigo a la mayor
flota de la época.
El tratado de Utrecht, firmado en 1713 trajo la primera presencia
inglesa, que se mantuvo hasta 1755. Se conserva memoria popular
del buen sentido del primer gobernador, Richard Kane, que tendió
caminos, introdujo la manzana en los cultivos y favoreció
el ganado, más tarde fundamental en la isla.
Hubo dos etapas posteriores de dominio inglés, desde 1763
hasta 1781 y desde 1798 hasta 1808. Dejaron huellas, y no sólo
en las construcciones militares.
A ellos se deben cosas tan dispares como el crecimiento de Maó,
la salsa que adereza muchas de las comidas menorquinas - que se
sigue llamando grevi- el estilo de la ebanistería tradicional
de la isla, el diseño de embarcaciones o la bebida más
popular, el gin, del que hablaremos en la gastronomía.
La Golden Farm, una casa de verano próxima a Maó,
pasa por ser el estandarte del recuerdo inglés, tanto, al
menos, como el propio casco de la capital.
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